El techo de Miguel era el concreto de un puente vehicular y bajo sus pies no había tierra, sino el canal de aguas negras de La Cañada, en Naucalpan.
Niños comentaron que le apodaban “El Quince” y que su sustento era el dinero que le daban barriendo o lavando carros.
“En la mañana le picó un araña y la mano se le hinchó; caminó al mercado y pidió ayuda. Así que los carniceros le pusieron un remedio”, comentó uno de los vecinos.
“El Quince” regresó al puente ubicado en el cruce de Avenida Navidad y Avenida de los Olivos.
Desde que sus hijos lo sacaron de casa, el hombre, ya de 70 años, juntó cobijas e hizo de su vivienda las estructuras del puente.
La hazaña de bajar por los barrotes amarillos, caminar muy pegado a los bordes y subirse a su habitación fue imposible. La mano hinchada le falló y Miguel cayó hacia el canal llamado Río Hondo. Su cara pegó contra las rocas.
Vecinos llamaron a sus hijos, pero sólo una mujer fue a ver su cadáver.
Para sacarlo, un bombero de Protección Civil bajó al cauce y lo amarró con una cuerda amarilla alrededor del pecho.
“El Quince” quedó muerto sobre el puente vehicular, con los vecinos viéndolo y los policías tapándolo. Nadie lo reclamó.




