El grupo musical La Pandilla de Pepe lo mismo pone a bailar a las personas en los pasillos del Metro que en una explanada o en un evento privado. La discapacidad visual de sus integrantes no es un impedimento para sentir y transmitir la música.
Tras 2 años en los que la pandemia los mantuvo fuera de los escenarios, con la llegada de la nueva normalidad La Pandilla de Pepe busca recobrar los espacios perdidos y volver a hacer lo que tanto les gusta: cantar y tocar.
“Claro que nos han contratado para posadas, tocamos una que otra pieza especial de Navidad, como el Año Viejo; nos han llevado a eventos particulares y al Centro de Convenciones de Naucalpan para eventos navideños”, explica José Antonio Cuevas, director del grupo.
Pepe Cuevas, quien tiene un porcentaje mínimo de visión, lamentó que se estén perdiendo las tradiciones como el canto de las letanías o pedir posada.
“Con decirte que ya no me ha tocado que den ponche o rompan una piñata; eso ya no lo he visto”.
La Pandilla de Pepe está conformada por José Antonio Cuevas, Brenda Rojas, la vocalista; Cristian Palafox, percusiones y voz; Antonio Marín, bajo y voz, y Luis Uriel Trejo, en la batería.
En sus inicios, José Antonio Cuevas comenzó a tocar en agrupaciones que talaban en la calle de Motolinia, a un costado de la salida de la estación del Metro Allende, en pleno Centro Histórico.
“Es un espacio que se ha conquistado para músicos ciegos. Lo conquistaron unos compañeros en 1983; yo llegué en 1985, meses antes del terremoto; nos permitieron tocar los sábados en ese lugar porque ellos se iban a eventos”, dice.
José Antonio dijo que unos años después se separó del grupo, y luego regresó de 1995 hasta el año 2000, cuando decidió independizarse.
“Unos compañeros me dijeron: ‘¿Por qué te vas?’, llévanos contigo, y les dije: ‘Pero yo no tengo nada, no tengo espacio, ni instrumentos’, y me dijeron: ‘¿Yeso qué importa? Queremos que tú nos explotes’, porque de cariño les decía esclavos”.




